El riesgo de la convergencia de redacciones es dilapidar la audiencia mientras se desarrollan los procesos de aprendizaje de los periodistas.
Las cabeceras de grandes medios avanzan en procesos de integración, que en general se representan en tres modelos:
1- Espacio común: Unificación de redacciones en donde internet se incorpora al espacio donde está la redacción central, aunque el funcionamiento sigue siendo el mismo: cada plataforma trabaja en lo suyo y sólo hay ‘integración’ ante grandes coberturas o primicias del medio. Este ha sido el modelo que se desarrolló en los últimos años.
2- Internet en las secciones del periódico: fue implementado por The New york Times, donde sentaron a un redactor de la WEB en la mesa de cada sección y éste trabajaba ‘a las órdenes’ de los periodistas. Este modelo creó un sistema de secretarios de los redactores, porque el de la WEB se dedicaba a escribir lo que le decían, mientras los periodistas estaban en la calle.
3- Fusión de plataformas: Este es el modelo en el que se trabaja en la mayoría de las redacciones. El medio tradicional ‘asalta’ la WEB para tomar el control y mediante algunas capacitaciones como “Aprenda a usar Twitter en 2 horas” o “Coge tu cámara y serás un reportero gráfico”, se crea la categoría de periodista multimedia que, además, sabe muy bien que esto de Internet es muy sencillo.
En estos planes están muchos periódicos por estos días. Están desorientados buscando un modelo de negocios para sus ediciones on line (pago) y una solución para una masa de periodistas que trabajan en una industria (papel) que está quebrada.
Ante esta realidad hay dos apuestas posibles:
1- Formar, entrenar y descubrir los posibles talentos que puedan reciclarse para los nuevos desafíos.
2- Contratar a periodistas que sepan resolver las necesidades de las audiencias digitales, tengan el olfato de saber qué tiene valor para la audiencia, que es el verdadero destinatario de la producción periodística.
Juan Antonio Giner, presidente de Innovation, decía tiempo atrás que las integraciones pensadas desde las cabeceras del papel han fracasado. Sus palabras son fácilmente entendibles: cuando se piensa en pos de preservar el medio tradicional, no hay proyecto viable, porque todo lo que se decida se hará desde la concepción tradicional sin comprender las necesidades de nuevas audiencias y las nuevas maneras de informarse.
El tiempo apremia, como dijo hace poco tiempo el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez: quedan menos de dos años para encontrar una salida, porque de lo contrario, la prensa está jugada.
La apuesta por Internet, el móvil y el iPad requiere de un nivel de especialización sin precedentes. Necesita ingenieros, infografistas, desarrolladores, expertos en flash y una reducción de las actuales plantillas de periodistas.




A mí me ha gustado, porque ya soy un usuario intensivo del iPhone. 


Alan Rusbridger, el editor de The Guardian, acaba de